Una gran parte de la economía latinoamericana se debe al mercado agrícola, siendo además muy competitivo. Lo que mayormente sucede es que se maneja con precios fijos, es por esto que es muy importante tener en cuenta los costos, el tiempo y la rentabilidad. En este escenario, es esencial centrarse en estrategias que puedan garantizar una reducción de los costos integrados en una gestión eficiente y sostenible. Pero vale la pena preguntarnos, ¿la tecnología puede ayudar en la preparación de una cosecha?

Planificar

Un elemento esencial para el productor rural es la planificación, por lo que hay que definir a dónde se quiere llegar y, a partir de allí, hacer la medición de los resultados y administrar sus gastos. Para lograrlo, se debe saber que puede ser entre dos variables:

  • la productividad,
  • el precio del mercado

Si la intención es lograr una mejor rentabilidad en la producción agrícola, esto sólo será posible por medio de una excelencia en costos y de perfeccionar el uso de los recursos que sólo tiene sentido con el apoyo de una herramienta que organiza las actividades y los procesos de punta a punta.

A través de los años se lograron tecnologías especializadas para lograr una buena planificación agrícola, cuya función principal es considerar las mejores estrategias para cada tipo de cultivo. De esta manera, es posible crear un plan de operaciones, que incluye el escenario global o un recorte de las acciones cotidianas, facilitando el levantamiento de análisis del clima y los parámetros para el uso de recursos como:

  • la tierra,
  • la mano de obra,
  • la maquinaria,
  • los fertilizantes,
  • los herbicidas,
  • las semillas, entre otros.

Todo esto, con la posibilidad de comparar las unidades y para indicar el promedio de los precios de los materiales y los gastos correspondientes, a fin de que el productor pueda evaluar la mejor opción para cada temporada.

Con base en estos indicadores es posible conocer y evaluar la producción y los recursos utilizados, pero sobre todo, se consigue organizar lo que se requiere para cada ambiente de producción, incluyendo equipos, área y el tiempo invertido. El productor puede entonces acompañar la ejecución de las tareas y comparar el resultado real con lo que anticipadamente se había previsto, recolectando la información para análisis gerencial y haciendo notas y especificaciones de producción a través de un Smartphone o una tablet que facilita el día a día y hace que todo el proceso sea más eficiente.

Sin embargo, no es suficiente para tener un sistema que controle todas las actividades, pues la planeación comienza mucho antes de la siembra y depende de un proceso de levantamiento de información y proyecciones anuales. Y tampoco termina en el momento de la cosecha, ya que esto genera información esencial para la planificación del próximo ciclo. Por ello, es necesario buscar apoyo en una tecnología que sea capaz de cruzar los datos y generar evaluaciones para que el productor rural tenga elementos suficientes a la hora de iniciar un nuevo proceso, o realizar cambios en aquellos que ya están en curso.

Estas etapas solo serán bien utilizadas si se aplica dentro de un modelo de gestión bien conocido en el mercado, el ciclo PDCA – Planificar, Hacer, Verificar y Actuar. El resultado final de este proceso es una gestión bien resuelta y orientada para la toma de decisiones y optimización de las etapas de producción, además de cuidar la tan deseada reducción de costos.

En otras palabras, no es suficiente con disponer de los equipos más modernos, los mejores insumos y un personal capacitado si el productor no sabe cómo planificar y convertir estos elementos en ganancia y excelencia para su negocio.

Por Fabio Girardi,
Director del segmento Agroindustria de TOTVS

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