A la mayoría de las empresas les pasa. Llega un momento en que hay que tomar la gran decisión: cambiar el software actual, ya sea porque nos quedó pequeño, porque la base de datos está a punto de estallar, porque la tecnología quedó obsoleta, porque nuestro proveedor consiguió un mejor puesto en algún lejano país de Oriente, porque precisamos más y no hay manera de conseguir dichas facilidades. Y entonces, llegan las primeras nubes. Hay que elegir un nuevo ERP.

El primer paso es buscar alternativas. Hay muchas y difieren bastante entre sí. A medida que consultamos y vemos las opciones de mercado, las nubes crecen y cambian de color: todo parece oscurecerse cada vez más y con mayor rapidez. Realizamos una lista, comparamos precios y servicios ¿Podemos decidir la compra del más económico? Tal vez no tenga la funcionalidad que preciso y por lo tanto no me conviene cambiar, ya que el software que tengo actualmente tampoco me provee lo necesario pero al menos no tengo que pagar por eso. Entonces ¡me decido por el mejor! Seguramente tendré todo lo necesario para mi negocio, pero… ¿A qué precio? ¿Puedo solventar semejante gasto sin que sea el fin de mi empresa? ¿Cómo elegir algo intermedio?

Es realmente un dilema difícil de resolver la elección de nuevo software. De modo que nos vemos en la obligación de entrevistar a varios proveedores de software, mirar los programas demostrativos que nos ofrecen analizar cada oferta y entonces allí lo que era una pequeña nube gris comienza a transformarse en un gran nubarrón: la mayoría de los entrevistados ofrecen el oro y el moro.

Desde el más simple ERP hasta el más complejo posee todo lo que preciso. Por supuesto, a distinto precio, con diferente tecnología y distintas opciones de servicios post venta. Bien, y ahora ¿Qué hacemos? Por supuesto ya descartamos varias opciones que no nos convenían por diversos motivos, pero las opciones finalistas parecen acercarse bastante a lo que precisamos.

En realidad para tener nuestra solución optima deberíamos tener la aplicación de un proveedor, con la tecnología de otro, la administración de base de datos del siguiente, el precio de otro, las facilidades de pago de uno más, el servicio postventa de otro, la garantía del que sigue, y así, combinamos todas nuestras opciones en la opción ideal. Por supuesto esto es imposible y lo sabemos. De modo que vamos a tener que elegir dejando de lado algunas pretensiones, incluso algunas que en un principio nos parecieron excluyentes.

Para peor, todo esto sucede en medio de un colapso de nuestro sistema actual: ahora ya prácticamente no tenemos sistema y estamos realizando nuestro trabajo diario un poco con la aplicación, un poco con una improvisada planilla de cálculo y otro poco con documentación en Word. Precisamos decidir ya mismo la compra del nuevo ERP y migración del software. Y entonces, los nubarrones grises cubren todo el cielo y parece que se va a desatar la peor tormenta de todos los tiempos. Ya no hay tiempo que perder. Hay que decidir. No tenemos idea de cómo tomar esa decisión que es sumamente importante porque se trata de la administración de nuestro negocio. Si algo sale mal, volvemos otra vez al comienzo pero sin la posibilidad de realizar otra compra a corto plazo

¿Cómo resolvemos este gran problema?

Como muchas cosas en este mundo, no tenemos una alternativa segura de solución de un sistema nuevo, pero organizando la información que ya tenemos y con algunos tips, la idea es llegar a la mejor solución.

Por Andrea Manna,
Chief Software Architect, www.uppersoft.com.ar

 
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