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En esta frase del gran inventor, científico, y artista Italiano Leonardo Da Vinci, se resume todo lo que las empresas, y hasta los seres humanos podríamos ponernos como objetivo: “hacer las cosas simples”. La simplicidad como objetivo.

Los clientes buscan la simplicidad, desde luego adecuadas a sus requerimientos, pero de fácil uso y entendimiento. Claro ejemplo es el de la tecnología de largo consumo, donde el mercado se está orientando hacia dispositivos con interfaz de tipo “humana”, así que los teléfonos y las computadoras personales se vuelven “touch”, los videojuegos ya no necesitan de joystick, etc. Ahora bien, atrás de una fachada simple, puede que se encuentren procesos y procedimientos largos y complejos, muy sofisticados, que clientes y proveedores tengan que cumplir para con esos procesos.

¿Si es cierto que todos en algún proceso llegan a ser clientes y/o proveedores, se necesita seguir amarrados en procesos complejos, redundantes, e inútilmente sofisticados?

Al emprender un proyecto de implementación de sistemas ERP (Enterprise Resource Planning) ó CRM (Customer Relatioship Management), se da un esfuerzo por elegir el producto más flexible y modificable, para que se adapte a los procesos y procedimientos de la organización, cuando en realidad la clave del éxito de la implementación descansa en un serio compromiso en la simplificación e integración de los procesos, más allá de la natural resistencia al cambio.

¿Será que después de 30 ó hasta 40 años en el mercado, la gran mayoría de los sistemas comerciales ya cuenten con lo suficiente para soportar las operaciones de una empresa sin que se les haga alguna modificación?

Si en una empresa todos se pusieran la gorra del “hacer las cosas simples”, cualquier software de cierto nivel podría ayudar en mejorar tiempos de ejecución y evitar re-procesos.

¿Acaso todo proveedor no dice que su ERP está basado en las “mejores prácticas”? ¿Por qué, entonces, seguir buscando la sofisticación?

Tal vez, porqué todavía no se llegó a erradicar las malas prácticas en la organización, los procedimientos no son confiables, no se puede medir su ejecución y sus desviaciones, etc. Sin embargo, una re-ingeniería, conlleva un sofisticado trabajo de medición y análisis, rediseño, identificación de variables y puntos de control, e implementación. Retomando la analogía con los productos tecnológicos: los dispositivos “touch” son simples de utilizar, pero poseen un sofisticado software de reconocimiento táctil y su procesamiento para entender los comandos del usuario.

Aparece una contradicción: ¿Se necesitan procesos sofisticados para llegar a resultados simples?

Tal vez la sofisticación solo se justifique si a través de ella se llega a la simplicidad, llegar al grado de sofisticación necesario para entender hasta su profundidad la naturaleza y los aspectos positivos y negativos de un proceso, la forma para mejorarlo, los métodos para medirlo y asegurarse que siga dando los resultados esperados.

Para todo el resto, la sofisticación no tiene sentido ó hasta es contraproducente, y como bien dijo Leonardo, la mejor y última sofisticación es la simplicidad.

Por Luca Piccaluga www.setup.mx

 

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