Se dan situaciones habituales en las organizaciones en donde conviven personas que hablan y piensan en tecnología y otras que hablan y piensan en negocios. Están los que dicen: qué base de datos emplear, si usar Oracle, DB2, SQL Server, y si desarrollar en un lenguaje o plataforma determinada. Por otro lado, están los que hablan del negocio: cuál es el retorno de la inversión, qué resultados de ventas se alcanzarán, cuántos nuevos clientes se conseguirán, cuáles son nuestros “core competence” o cómo van a impactar las reglas de marketing en los procesos de negocios.

Como se ve claramente, ambos lenguajes no son directamente compatibles y se convierten en una situación muy compleja de manejar dentro de una organización, especialmente cuando se tratan conceptos y situaciones nuevas, como ser la incorporación de un nuevo sistema informático de planeamiento de los recursos empresariales (ERP) que, sin lugar a dudas, influye directamente sobre su cultura.

Organizaciones aletargadas, acostumbradas a trabajar bajo un sistema tradicional en el que la mayoría de las tareas se llevan a cabo aún de manera manual; y piensan que tecnología es simplemente tener una computadora sobre el escritorio, se rinden necesariamente a invertir en tecnología cuando su antiguo paradigma les indica que ya existen por lo menos, tres razones fundamentales por las cuales una empresa debe interesarse en implementar una solución ERP: aumentar su competitividad, controlar mejor sus operaciones e integrar su información.

Supuestamente, aquí el inconveniente es de orden conceptual. Y en relación a estos, para poder lograr un manejo adecuado de cualquier situación nueva, se les debe de proporcionar a los sujetos el por qué, el quién, el dónde y el cómo. La educación es el por qué, el quién y el dónde. El entrenamiento…es el cómo.

Algunos especialistas afirman que el error fundamental está en el entrenamiento. Imaginemos la situación, pensemos que el entrenamiento evoca imágenes de “delfines saltando aros” (haciendo alusión a que entrenar es únicamente lograr que alguien realice algo sistemáticamente, sin más trasfondo ni explicación). Pero en realidad, se trata de dos conceptos y no de uno: educación y entrenamiento.

Tienen mucho mayor peso las variables enseñadas en el proceso educativo. Si el enfoque radica únicamente en el cómo, se caerá en errores. Aquí es donde se ha venido fallando, en el concepto de entrenamiento. El primer error es pretender que donde se está implementando un sistema tecnológico, el entrenamiento debe girar en torno a enseñarles a los empleados dónde llenar los campos, qué hacer en las pantallas y en términos generales, cómo funciona la herramienta tecnológica.

Demasiado énfasis en el sistema tecnológico y prácticamente nada en las variables para fomentar su comprensión completa, su ensamble con los objetivos del negocio y su pleno convencimiento de que el sistema es nuevo, es diferente, es mejor y dadas sus características, el buen desempeño humano al hacer uso del mismo o sus errores, tendrán un impacto profundo y en ocasiones severo para toda la organización.
Recomendamos leer “Los 7 hábitos para el éxito del ERP”.

“La pregunta es entonces: si deseo implementar un sistema de estas características, ¿Qué debo hacer para hacerlo con éxito?… La respuesta la encontrarán en la Parte II de ERP “La Gestión del Cambio”, publicada en el próximo Número de EVALUANDO ERP.

Lic. Alejandro Guarnieri -Socio Gerente -Astrasud Consultores S.R.L. – Negocios y Tecnología
www.astrasud.com

 
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