Hace unos años, las empresas desarrollaban sus propios sistemas de gestión alrededor de los procesos, todo se realizaba en el sistema central, en las famosas pantallas verdes. Ahora contamos con sistemas flexibles, basados en mejores prácticas, pero a veces con mucho, mucho Excel para todo lo que no cabe en una implementación estándar.

Antes de la llegada de los sistemas ERP, los departamentos de tecnología tenían el control puntual de las operaciones y los procedimientos administrativos, y en los mejores casos de implementación, no había proceso ni operación que se quedara afuera del control del sistema. Todo reporte y consulta estaban calibrados para las necesidades del usuario y de los mandos de la empresa, dentro de un sistema de pantallas verdes.

Indiscutiblemente estamos hablando de algún tiempo atrás, cuando en 200 megas cabían años de información, números compactados, códigos y descripciones cortos, sin gráficas ni gran estadísticas. Esos datos se quedaban en ello de por vida, y exportar la información a otras plataformas (PC), era una misión casi imposible.

Además a la hora de realizar algún cambio, la factibilidad dependía del grado de visión que hubiese tenido el creador del software (muchas veces, alguien que ya no trabajaba en la empresa), y en cuanto a tiempos de implementación: ¡meses, y meses!

Con los sistemas ERP, todo se ha vuelto más fácil al momento de hacer cambios, inclusive cuando el modelo de negocio de una empresa cambia de manera importante, no hay ERP que no pueda ser reconfigurado. Sin embargo, en muchas ocasiones lo que se lee como flexibilidad termina siendo un proceso llevado por herramientas de ofimática, desconocidas por el sistema central, por lo menos desde cuando se exportan los datos, y hasta cuando -a veces- regresan. Hay algunos ERP, que con orgullo afirman que sus reportes se realizan directo en Excel…

A lo largo, terminamos por encontrarnos con sistemas “de excelencia” como les llama el Ing. Cesar Cavazos, consultor y amigo personal. A esta altura de sofisticación de los sistemas ERP, deberíamos de reconocer, que no solo necesitamos que vayan integrando los datos de la empresa, sino que nos permitan integrar todos los procesos y ciclos de trabajo: el llamado “workflow”.

Al momento de elegir un ERP, nos deberíamos de preocupar no solo por como se contabilizan las ventas, ó de la capacidad de crear pasivos en automático, sino también de lo siguiente:

  1. ¿Qué grado de configuración nos pone a disposición el ERP para realizar nuestro ciclo de venta/atención al cliente?
  2. ¿Es adecuada la manera en la que el sistema nos permite ejecutar las actividades de seguimiento de la cartera y de la cobranza de las facturas, sin tener que exportar archivos?
  3. Los ciclos de autorización y recepción de compras, ¿se pueden configurar para cazar con la estructura de nuestra organización?
  4. ¿De qué manera se puede implementar el algoritmo de resurtido que siempre nos ha funcionado, sin que sea un desarrollo?

Y la lista de preguntas continúa…

Podríamos pensar que de por sí, el sistema ERP ya no es suficiente para reemplazar las herramientas de control y gestión de una empresa. Pero, ¿será que tengamos que tomar en cuenta desde un principio, también herramientas de CRM (Customer Relationship Management) y de BI (Business Intelligence) para implementar estos procesos?

De toda forma ¿Serían suficientes ERP+CRM+BI para gobernar todos los procesos de la empresa? ¿Dónde quedarían las aplicaciones verticales propias, que tanto han beneficiado al negocio?

Por Luca Piccaluga –
Organización e Integración de TI www.lucapiccaluga.com

 
Share This
Suscríbase a nuestras novedades

Suscríbase a nuestras novedades

¿está interesado en nuestros contenidos de ERP? Suscríbase para nuestros newsletter y no deje de estar informado.

¡Listo, ya está suscripto!